Sé lo suficientemente valiente como para desenamorarte

Sé lo suficientemente valiente como para desenamorarte

Empieza así. Una mañana, como cualquier otra, te despiertas y miras a tu pareja profundamente dormida al otro lado de la cama. Para ti, este ha sido durante mucho tiempo un momento sagrado del día. Esos dulces y pacíficos momentos entre el sueño y la vigilia. Su cuerpo delicadamente dispuesto en el tuyo. La canción de su respiración te conmueve audazmente a la luz de un nuevo día. Pero en este día, algo se siente diferente, la magia está perdida.




Los ojos se abren y vuelven a mirar cálidamente hacia los tuyos, y de repente te encuentras a ti mismo luchando contra el impulso de alejarte. A través de la confusión, fuerzas una sonrisa y tu corazón cae como una piedra al darte cuenta de que esta persona que yace a tu lado ya no te hace sentir de la manera en que alguna vez lo hizo. Les das un beso de buenos días y te imaginas el final.

De ahora en adelante, nada es lo mismo. La semilla de la incertidumbre ha sido plantada en vosotros y como una mala hierba echa raíces y se abre camino en cada momento de tu despertar. En poco tiempo, la pasión disminuye, los días y las noches se alargan más y los largos silencios reemplazan a las risas.

Intentas convencerte de que es sólo una fase. Te dices a ti mismo que todo es culpa tuya o de él. Te dices a ti mismo si sólo tú o tu pareja hicieran esto o aquello, entonces tal vez las cosas volverían a ser como antes. Pero el fondo de la cuestión es que no es culpa de nadie, nunca lo fue, y no hay vuelta atrás. Y eso está bien.

Confía en tu voz interior. Al igual que las luces del cine que se encienden después de que los créditos aparezcan, este cambio de opinión ha llegado para decir que es hora de irse. No todos los amores deben durar para siempre. La mayoría son lecciones, paradas en el camino, pero eso no hace que el tiempo que compartisteis juntos sea menos valioso o significativo.

Da gracias por estos momentos; aprecia estos recuerdos y la conexión que forjaste, pero debes entender que por muy difícil que sea, todos merecemos a alguien de quien podamos estar seguros. Y mejores cosas os esperan a ambos.




Sea lo que sea que decidas, no te quedes porque tienes miedo de cambiar, decir adiós o terminar solo, no hay nada más dañino para tu corazón y tu alma que compartirlo con alguien que no es para ti.

Fotografía: Riccardo Mion

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