La ciencia explica cómo hacerse 4 preguntas cada mañana puede cambiar su cerebro

El promedio de atención humana ha caído de 12 segundos en el año 2000, o alrededor del momento en que comenzó la revolución móvil, a ocho segundos – una caída del 33 por ciento. Mientras tanto, se cree que los peces dorados tienen una capacidad de atención de nueve segundos” – The Telegraph (Reino Unido)




Piensa en esta pregunta: ¿Tienes el control de tu cerebro?

Piénsalo de verdad. Por favor, no sigas adelante hasta que lo hayas pensado bien durante un minuto.

Ahora, nuestra inclinación es responder algo así como: “¡Sí! Por supuesto. ¡Es mi cerebro lo que está en mi cuerpo!” o “¡¿De quién es el cerebro si no?!

Tu cerebro seguramente te pertenece… pero, ¿tienes el control de él? Muchos de los neurocientíficos más brillantes del mundo dicen “No” hasta cierto punto. De hecho, las estadísticas muestran que la mayoría de las veces nuestro cerebro está en “piloto automático”.

Aquí hay un par de ejemplos:




  1. Estás realizando una rutina de dieta y ejercicio, pero por alguna razón – a pesar de tu mejor criterio y tus mejores intenciones – no puedes dejar de comer esos dulces glaseadas de la tienda de comestibles local.
  2. Te has prometido a ti mismo dejar los pensamientos negativos y autocríticos. Pero por alguna razón, parece que han proliferado aún más.

Estos son sólo dos ejemplos con los que usted puede o no estar identificado. La premisa subyacente es la siguiente: todos hemos tenido pensamientos que desearíamos no tener. A veces, incluso hemos actuado sobre estos pensamientos a pesar de nuestro mejor juicio o conocimiento.

La respuesta simple a la pregunta “¿Tenemos control del cerebro?” es “Sí y no”. Sería una tontería pensar que no tenemos control, después de todo, hacemos algunas de las cosas que pretendemos hacer. Pero estamos en piloto automático la mayor parte del tiempo. Tal vez comer en piloto automático, conducir en piloto automático, pensar sin pensar en el piloto automático, escuchar en piloto automático, hablar en piloto automático, etcétera.

¿Por qué sucede esto?

En pocas palabras, es porque el cerebro es “perezoso” por defecto. El cerebro es increíblemente complejo y ha evolucionado para encontrar formas de operar más eficientemente. El cerebro es también una máquina de reconocimiento de patrones – está diseñado para unir cosas abstractas con el fin de dar sentido al entorno. Por eso es difícil romper con los hábitos una vez que se han establecido.

Sin un “entrenamiento” adecuado, el cerebro permanece en modo de piloto automático una cantidad desproporcionadamente grande de tiempo. Aquí es donde entra en juego nuestra mente consciente.




“Reentrenar” la mente no tiene por qué ser un proceso muy complejo. De hecho, resolver la memorización de cuatro preguntas básicas puede simplificar cualquier desafío, problema o decisión que enfrentemos, ya sea grande o pequeña.

HACERSE ESTAS PREGUNTAS TODAS LAS MAÑANAS PUEDE CAMBIAR SU CEREBRO

Cada mañana, comprométete a hacer estas cuatro preguntas cuando te enfrentes a un desafío/problema/decisión.

1. ¿QUÉ ES REALMENTE IMPORTANTE?

Ann Hermann-Nehdi, directora ejecutiva de Herrman International y oradora invitada en múltiples conferencias de TED, llama a esto la cuestión de la “recompensa” porque estamos programando conscientemente por qué estamos haciendo algo en particular.

Por ejemplo, muchos de nosotros decidimos que queremos “hacer más ejercicio”. Se trata de un concepto abstracto que debe ser más concreto. ¿Qué es lo importante que nos hace querer “ejercitarnos más”? ¿Apariencia física? ¿Bajar el colesterol? ¿Ser un modelo a seguir?

¿Qué es realmente importante para ti que te hace querer perder peso? ¿O conseguir un ascenso? ¿Volver a la escuela? ¿Comprar una casa? ¿Empezar un negocio? Etcétera. No permitas que la mente posponga perezosamente esta pregunta – proporcionar una justificación sustantiva para cualquier desafío/decisión/problema hace que sea mucho más probable que lo lleves hasta el final.

2. ¿CÓMO VOY A HACERLO?

Tenemos tendencia a decir que vamos a hacer algo sin formar ningún tipo de plan. Hacerlo es, en realidad, muy común. Es común porque nuestro cerebro tiene una manera retorcida de evitar la responsabilidad.

He aquí otro ejemplo: hemos decidido “buscar un trabajo diferente”. Por supuesto, esto suena bastante simple – pero ¿cuántas personas permanecen en el mismo trabajo a pesar de sus intenciones de irse del lugar? Muchas veces, la razón por la que la gente lo hace es porque nunca tuvieron un plan.

Entonces, ¿cómo esta hipotética persona va a “buscar un trabajo diferente”? ¿Buscar una hora o dos cada sábado por la mañana? ¿Investigar las empresas que están contratando en la zona? ¿Conectar con personas en LinkedIn/Facebook/Twitter? ¿Actualizar el currículum? ¿Publicar en varias bolsas de trabajo? ¿Buscar el conocimiento de un reclutador/cazatalentos?

3. ¿QUIÉN VA A ESTAR INVOLUCRADO?

Es posible que la decisión de tomar algún tipo de acción no involucre a nadie más que a ti. Si este es el caso, que así sea. Pero es aconsejable al menos contemplar la cuestión de quién está -o podría estar- involucrado en cualquier decisión y/o consecuencias de tal decisión.

Un error que cometen las personas cuando se enfrentan a un desafío/problema/decisión es pasar por alto a los afectados por dicha(s) decisión(es). Una vez más, esta es la forma en que el cerebro elude cualquier esfuerzo necesario pero no deseado. Entender quién está potencialmente involucrado en la decisión o consecuencia de una decisión es pasar por alto las posibles complicaciones que surgen desde la perspectiva de otra persona.

4. ¿QUÉ PASA SI _____ OCURRE?

En algunos casos, es bueno tener un plan de contingencia en el caso de que algo desafortunado suceda. A modo de ejemplo, utilicemos los ejemplos anteriores.

“Quiero hacer más ejercicio”.

¿Qué pasa si me lesiono?

“Primero, examinaría si algún tipo de ejercicio sería posible. Segundo, en caso de que no pudiera hacer ejercicio, reduciría algunos tipos de comida…”

“Quiero buscar un trabajo diferente.”

¿Qué pasa si mi pareja se opone?

“Mi pareja merece una explicación racional de por qué quiero un trabajo diferente. Expondré mi caso y trataré cualquier duda”.

Por lo general, podemos anticipar qué o quiénes pueden ser “obstáculos” potenciales para decisiones potenciales. Si anticipamos un obstáculo potencial, dependiendo de la situación, puede valer la pena dar una respuesta adecuada.


¿Tienes Telegram instalado? Recibe el mejor artículo de cada día en nuestro canal. Pulsa AQUÍ.

¿Te ha gustado?






¿Qué piensas? ¡Déjanos un comentario!