Ella quería quedarse, pero tú la dejaste ir…

Tú eras todo para ella. Ella te amó incondicionalmente y luchó por ti con cada parte de ella. Sólo tenía ojos para ti y te dio todo lo que tenía.




Pero, ¿cómo no te diste cuenta de eso?

Ella trató de cumplir tus expectativas y ser la chica que tú querías que fuera.

Sabía que no era perfecta, pero se esforzó por ser perfecta sólo para ti. Ella quería escuchar de ti que ella era hermosa para ti con todas sus imperfecciones y rarezas.

Pero, de todas las cosas, lo que ella más quería era estar contigo.

Tú fuiste quien hizo que sus ojos brillaran de felicidad. La que hizo temblar su cuerpo al tocarla. La que le hizo saltar el corazón cuando la miraste. La que tenía la llave de su corazón.




Ella quería lo mejor para ti. Quería hacerte feliz. Ella hizo de tus sentimientos, necesidades y deseos su máxima prioridad.

Ella te amaba con cada parte de sí misma. Te entregó su alma, mente y cuerpo únicamente a ti, y llevaba su corazón en la manga.

Conocía todos tus defectos, pero los aceptó y los apreció.

Ella te aceptó por quien eras, con todas tus faltas, rarezas, inseguridades, miedos y problemas. Ella nunca trató de cambiarte porque para ella eras perfecto tal como eras.

¿Y qué hiciste tú?




La diste por sentada. Nunca le devolviste sus sentimientos. Tomaste su corazón, lo tiraste y la dejaste que recogiera los pedazos ella sola.

Le hiciste creer que no era lo suficientemente buena para ti. Le hiciste creer que no la necesitabas y que estabas mejor sin ella.

La hiciste sentir miserable.

Te merecías su odio, pero ella no podía odiarte.

Le mentiste, la hiciste sentir indigna y heriste sus sentimientos muchas veces. Nunca te molestaste en preguntarle cómo se sentía o cómo le iba el día. Todo se trataba de ti. Siempre sobre ti. Mientras tus necesidades fueran satisfechas, nada más importaba.

Debería haberte odiado porque eras egoísta y deshonesto.

Fuiste egoísta porque la mantuviste en tu vida para poder sentirte satisfecho contigo mismo. La mantuviste a tu lado porque ella estimuló tu ego. Porque sabías que ella era mucho mejor que tú.

Tuviste el coraje de mentirle, en su cara, diciéndole que la amabas. Pero, eso era sólo una mentira. Porque si la hubieras amado, le habrías prestado atención. La habrías oído decir tu nombre miles de veces. Hubieras sentido su dolor cuando te acostaste junto a ella.

Pisaste el amor de la mujer que te había dado años de su vida. La mujer que estaba lista para pasar por todas las tormentas sólo para estar contigo.

Ella se quedó, no porque tuviera que hacerlo, sino porque te amaba y creía que de alguna manera, un día te despertarías y serías el hombre del que se enamoró hace tanto tiempo.

Durante meses, se despertaba con la esperanza de que las cosas fueran diferentes. Que hoy sería el día en que le devolvieras todo lo que se había perdido.

Pero, ignoraste sus lágrimas. Si tan sólo te hubieras tomado el tiempo para escuchar sus llantos, ya no estarías tan herido y solo.

Su paciencia tenía límites después de todo. Se dio cuenta de que no la amabas porque no se destruye a la persona que amas. Porque cuando amas a alguien, luchas con cada fibra de tu ser para proteger lo que tienes. Toleras cosas que personalmente no te gustan. Haces compromisos por el bien de la relación.

Porque cuando amas de verdad a alguien, no le rompes el corazón y luego le dices que la amas. No arruinas sus esperanzas y luego les dices que sea fuerte. No te vas cuando los tiempos se ponen difíciles. No te rindes sin pelear.

Se dio cuenta de que no tenía sentido luchar por alguien que se había dado por vencido hace mucho tiempo. Se dio cuenta de que no tenía sentido luchar por alguien que la alejaba tan fácilmente.

Se dio cuenta de que a veces hay que dejar ir a alguien para poder volver al buen camino y redescubrirse a sí mismo.

Pero, quiero que sepas que ella no se fue porque eras inconstante, egoísta y débil. Se fue porque ya no podía soportar la forma en que la tratabas. Porque ella ya no podía soportar ser tu segunda opción, tu pasatiempo favorito. Porque estaba cansada de tu manipulación y de tus astutos juegos mentales.

Se fue porque había sido fuerte y resistente durante demasiado tiempo. Porque estaba cansada de darte todo y no recibir nada a cambio. Porque ya no podía sonreír mientras su alma lloraba. Porque se agotó tratando de hacerte feliz. Estaba cansada de tratar de abrir los ojos para que pudieras ver cuánto te quería y apreciaba.

Se fue porque no le diste ninguna razón para quedarse.

¿Y sabes que? Un día te vas a despertar y te vas a dar cuenta de que deberías haber escuchado y haber estado ahí para ella más tiempo. Te darás cuenta de todas esas veces que la hiciste llorar y destrozaste sus esperanzas, y te arrepentirás por ello.

Y un día, cuando otro hombre ocupe tu lugar en su corazón, te arrepentirás de haberte permitido perder a la mujer que era única en su género. La mujer que tenía un corazón único y amaba de una manera que no se puede describir con palabras. Te arrepentirás de no haberle dado el amor y el respeto que se merecía. Te arrepentirás de no haberla apreciado cuando tuviste la oportunidad.

Te darás cuenta de que tenías algo especial. Tenías algo real y hermoso. Algo que la gente se pasa la vida esperando. Pero, esto nunca fue suficiente para ti. Nunca fue lo suficientemente buena para ti. Siempre pensaste que merecías más. Y ahora, mírate, no tienes nada.

Ella te amaba, pero no te diste cuenta de eso. Y ahora, es demasiado tarde. No puedes traerla de vuelta.

Ella quería quedarse, pero tú hiciste que se fuera.


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