El síntoma de ansiedad debilitante del que nadie habla nunca

El síntoma de ansiedad debilitante del que nadie habla nunca

Hasta hace poco, mantuve oculto al mundo un gran aspecto de mi ansiedad porque tenía un miedo mortal de las consecuencias que sufriría si hablaba de ello. Ya tenía miedo del juicio que podría experimentar al abrirme sobre mi ansiedad, pero esto era enorme. ¿Y si la gente pensara que estoy loca? La ansiedad de esta reacción me hizo sentir físicamente enferma, y sentí que no había nadie a quien pudiera recurrir para que me entendiera.




Estoy hablando de pensamientos intrusivos, que según el Instituto de Trastornos de Ansiedad y Estrés de Maryland «se vuelven obsesivos, provocan miedo y vergüenza, y a menudo llevan a dudas sobre la cordura, el control, los motivos, el carácter y la seguridad«. Son comunes en quienes luchan contra la ansiedad general, el trastorno de estrés postraumático, los trastornos de pánico y el trastorno obsesivo compulsivo.

La mayor parte de mi vida la he pasado lidiando con la ansiedad, así que desde que tengo memoria, este síntoma siempre me ha afectado. Nunca entendí por qué me venían a la mente imágenes y escenarios aterradores, lo que me dejaba ansiosa y asustada. No sabía que estaba experimentando pensamientos intrusivos o por qué estaban perturbando mi realidad.

Las personas que sufren de ansiedad a menudo experimentan estos episodios, durante los cuales ven un evento alarmante que se desarrolla en su cabeza. Estos pensamientos intrusivos son escenarios aterradores que creamos, haciendo que pensemos en cosas dañinas que podríamos hacernos a nosotros mismos o a las personas que amamos.

La cosa es que, sin embargo, nunca actuaríamos en base a estos pensamientos, y lo sabemos, pero sentimos el miedo como si realmente estuvieran sucediendo, y nos hacen sentir increíblemente incómodos. Estos pensamientos son una reacción automática y están completamente fuera de nuestro control. Nuestros cerebros se convierten en un rollo de película de pensamientos y acciones que llevamos a cabo en nuestra mente, y no podemos apartar la vista de esa película.

Cuando yo era niña, estos pensamientos intrusivos venían en forma de monstruos, como los que se ven en las películas. A pesar de saber que los monstruos no existían, cobraron vida en mi mente y me dieron síntomas físicos de miedo. A veces llegaba a ser demasiado, y me escondía bajo mis sábanas y lloraba por la noche. Sabía que en mi mente nada podía lastimarme porque físicamente no había nada allí, pero no podía entender por qué estas imágenes me perseguían.




A medida que fui adquiriendo más experiencias de vida, mis pensamientos intrusivos se convirtieron en otros miedos. Ahora que era mayor, estos pensamientos se convirtieron en nuevos escenarios, unos que se sentían más reales. Por ejemplo, cuando empecé a conducir, me veía a mí misma desviándome de la carretera, chocando con una barandilla lateral o chocando de frente contra un semirremolque. Realmente no quería hacer ninguna de estas cosas. Sólo quería llegar a mi destino, pero estos pensamientos seguían corriendo por mi mente, y no podía detenerlos.

He aprendido que estos pensamientos intrusivos son el mecanismo de nuestro cerebro para sobrellevar el miedo. Nos distraen de la ansiedad que sentimos en la vida real con un evento ficticio en el que podemos centrarnos. Esta es la manera en que tu cerebro trata de ayudarte con la ansiedad que estás experimentando en la vida real. Es como si tu cerebro te dijera: «Mira, sé que tienes miedo, pero podría ser peor, así que lo que está pasando no es tan malo«.

Lo creas o no, los monstruos de mi infancia me han seguido hasta la edad adulta, y todavía los veo cuando me pongo ansiosa. Debido a que los he estado experimentando durante tanto tiempo, me he acostumbrado a sus efectos. Sin embargo, presto atención cuando estos pensamientos intrusivos salen a la superficie, ya que es una indicación de que mi ansiedad está fuera de los límites y que necesito detenerme y evaluarme.

Me he abierto al respecto sólo a unos pocos de mis amigos más cercanos; una tiene ansiedad y me ha confirmado que ella misma experimenta lo mismo. Pensaba que estaba loca, como yo, y no se atrevía a decírselo a nadie por miedo al juicio y al ridículo. Fue un alivio tanto para ella como para mí que no estuviéramos solas.

Quiero que aquellos que no experimentan pensamientos intrusivos sepan que esto no es algo por lo que alarmarse. De ninguna manera buscamos hacernos daño a nosotros mismos o a alguien más; sólo estamos tratando de lidiar con nuestra ansiedad. Si alguien cercano a ti experimenta estos pensamientos intrusivos, simplemente quiérelo y apóyalo. Ese entendimiento nos ayudará a aliviar la ansiedad que sentimos al tener estos pensamientos. Sin embargo, debes saber que este no es un problema que tú puedas resolver; este es un proceso por el que hay que pasar a pesar de todo.




Si luchas con pensamientos intrusivos, compártelos. Cuanto más compartimos estas experiencias, mejor nos entendemos a nosotros mismos y a los demás y más nos podemos ayudar unos a otros. Debes saber que no estás sola/o y que no está loca/o.

Este artículo ha sido escrito por Katelyn Son para PopSugar.

Fotografía: Zulmaury Saavedra

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