10 cosas que suceden cuando siempre has sido fuerte pero ahora estás cansada

10 cosas que suceden cuando siempre has sido fuerte pero ahora estás cansada

1. Deja de forzarte a hacer cosas. Como estar ahí para todos o asistir a cada uno de los eventos a los que estás invitado o forzarte a salir y pasar un buen rato. Te sientes más cómoda tratando de procesar tus sentimientos y emociones en lugar de tratar de huir de ellos, aunque eso signifique aislarte de las personas.




2. Eres más honesta sobre cómo te sientes. Cuando la gente te pregunta si estás bien, no mientes y les dices que no lo estás. Ya no mientes más sobre eso porque mentir sólo empeora las cosas.

3. Estás dispuesta a pedir ayuda. No estás tratando de luchar contra la necesidad de tener gente a tu alrededor o de pedir ayuda porque sabes que no puedes contar con tu fuerza como solías hacerlo. Ahora necesitas más gente en la que apoyarte y estás dispuesta a acercarte a ellos.

4. Eres más impaciente y menos tolerante. Ya no tienes ganas por las cosas que te producen ansiedad o te hacen daño. Ya no eres tan flexible ni tan despreocupada como antes. Huyes de cualquier cosa que te causa angustia o incomodidad, incluso si es algo o alguien que te importa profundamente.

5. Te sientes como una extraña para ti misma. No estás acostumbrada a ser esa persona, siempre estás del otro lado, siempre eres tú la que ayuda a los demás. Te está llevando un tiempo acostumbrarte a esta nueva persona y es como si todos estos años de ser fuerte finalmente te hubieran afectado, y ahora estás exhausta y no sabes qué hacer.

6. La gente ya no te entiende. Tus amigos más cercanos piensan que hay algo diferente en ti, tus colegas no son tan amables contigo y tu círculo social te está dando tu espacio. Probablemente piensan que ya no te gustan, pero la verdad es que estás lidiando con algo más grande que tú y todavía estás tratando de entenderlo.




7. No puedes determinar la fuente de este sentimiento. Te golpea de repente, de la nada, definitivamente no estabas preparado para ello. No sabes qué lo provocó, sólo sabes que finalmente te está golpeando fuerte y que necesitas un descanso o una solución.

8. Comienzas a reevaluarte a ti misma, a tu vida y a tus decisiones. Te preguntas si estabas siendo demasiado dura contigo misma, o si era correcto ignorar tus emociones y sentimientos en el pasado para poder ser feliz. Estás empezando a preguntarte si la forma en que te sientes ahora mismo es algo nuevo o si es algo que has estado suprimiendo durante mucho tiempo.

9. Estás aprendiendo que es saludable ser vulnerable. Estás empezando a aceptar tu vulnerabilidad, tus lágrimas y todas las cosas que solías asociar con la “debilidad”. Estás aprendiendo que te hace humana y que tratar de ser dura todo el tiempo es una gran mentira. La vulnerabilidad es otra forma de fuerza.

10. Sabes que eventualmente serás fuerte de nuevo, pero necesitas aceptar esta fase en su totalidad primero. No estás intentando luchar contra ello o ignorarlo. Lo estás dejando ser. Decidiste que por una vez, necesitas estar bien con ser blanda, emocional, triste o confundida en lugar de tratar de parecer que lo tienes todo bajo control, cuando en realidad, todo se está derrumbando sobre ti.





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